viernes, 3 de febrero de 2017

Calma y, después, tormenta.

Llega un momento, en el que te planteas muchas cosas.
Te las planteas porque algo cambia de pronto, algo gira, algo pasa que te hace pensar.
Y todo porque, cuando parece que consigues un poco de calma, la vida te tenía preparada una tormenta. Cuando encuentras algo que te hace ver la belleza de este mundo, ocurre que al poco tiempo ese algo se rompe. Y te preguntas si son tus manos, que marchitan todo lo que tocas, o si es la vida, que espera a que bajes la guardia para clavarte el cuchillo.
Cuando crees que nada peor puede suceder, entonces pasa.
Porque creemos que a la tormenta le sigue de puntillas la calma, sin hacer ruido para traerte tranquilidad por la noche, pero no es así. Esa tormenta sólo era un aviso, y esa calma, una falsa sensación de seguridad que se esfuma en cuanto te das la vuelta, tan pronto como vino.

martes, 23 de agosto de 2016

Ahuyenta a mis monstruos.


Llevo varios días, incluso semanas, queriendo escribir algo, pero sin poder.
Pero al final, aunque me ha costado, he comprendido por qué. Y es que en mi cabeza, hay algo que ha cambiado.
Durante tanto tiempo he sentido que algo me faltaba, que me he acostumbrado a escribir sobre aquello que me atormentaba. Cosas que sólo podía contarle al papel, por miedo a que mis demonios ahuyentasen a aquel que me escuchase. Cosas que no era capaz de decir en voz alta, por miedo a que dejasen de estar sólo en mi cabeza y empezasen a ser reales.
Hasta que al final llega alguien que ahuyenta a tus montruos, o los hace callar, y dejas de sentir que algo te falta.
Alguien que rompe todos tus esquemas y desata el caos en tu mente, haciendo que todo se desmonte.
Es por eso que ahora me siento confusa al escribir, porque se ha ido ese vacío que me atormentaba, porque los monstruos de debajo de la cama se han quedado mudos.
Porque lo tengo todo bajo descontrol.
Por todo eso, vamos a querernos hasta que se nos pase el mono.

jueves, 17 de marzo de 2016

Caos.

Demacración. Demacración de amor. Amor por mis pies desnudos y llenos de heridas de caminar descalza por caminos difíciles. Por mis manos encalladas de coger a la vida con fiereza, de abrir puertas cerradas a cal y canto. Por mis rodillas ensangrentadas de andar a gatas entre las malas hierbas, intentando ser una de ellas. Por mis ojos, que cada día me regalan sonrisas preciosas, y por mis labios, capaces de devolverlas. Por mi corazón que, aunque guardado bajo llave, aún late, cada día más rápido, más loco. Por mi cordura y su escasez, mi locura y sus ganas de salir a bailar, reír, jugar. Por mis pulmones, cada día más vacíos de aire y más llenos de humo.
Demacración de amor por cosas nunca mías y siempre de todos. De todos y, al mismo tiempo, de nadie. Por llorar a la luna, que el sol no es capaz de entender la oscuridad... por sentir lástima de él, que no entiende que para que haya luz, antes debe haber oscuridad.
Demacración de amor por el caos, porque lo tengo todo bajo descontrol.
Por todo eso, vamos a querernos hasta que se nos pase el mono.

viernes, 13 de febrero de 2015

Sigue perdida.

-¿Por qué no lo admites de una maldita vez?
-Porque no existe. Eso son tonterías. Vaya gilipollez, ¡el karma! ¿Cómo puedes pensar eso?
-¿Cómo puedes tú pensar lo contrario, después de todo lo que tienes sobre tus hombros?
-No sé a qué te refieres. 
-Lo sabes, pero lo niegas. De ese modo sólo te engañas a ti misma.
-Sigo sin saber a qué te refieres.
-¿En serio? ¿Cuánto tiempo más vas a seguir fingiendo? 
-Yo no finjo.
-Sí, estás fingiendo. Lo haces todo el tiempo, y a los demás tal vez puedas mentirles, pero a mí no.
-Yo no finjo nada.
-¡Admite de una maldita vez que sí lo haces!
-Ah, ¿sí? Y, ¿qué es lo que, supuestamente, estoy fingiendo?
-Finges que todo va bien, cuando no es así. Finges que no te pasa nada, que a ti nada te afecta, cuando llevas tanto tiempo que, hasta tú has perdido la noción del mismo, derrumbada. Finges que no sientes nada, cuando hasta el roce del aire te duele. Finges, finges y finges. Finges que no necesitas ayuda de nadie, pero, ¡por favor, deja de fingir! ¡Grita que necesitas ayuda! ¡Pídeme que mate a alguien! Pídemelo, y lo haré por ti. Pero necesito que me lo digas, que me lo cuentes, que te desahogues. No dejes las cosas a medio contar, sigue. No te guardes lo peor, no es bueno. La basura hay que sacarla, o la mierda te acabará comiendo. Puedo ayudarte, sé que haré todo lo que esté en mi mano, y lo que no esté también, por ayudarte, y tú también lo sabes. Pero tú eres demasiado orgullosa para pedir ayuda, ¿verdad? Eres demasiado orgullosa para admitir que estás jodida, que estás de mierda hasta el cuello. ¡Despídete del maldito orgullo por un rato! ¡Admite que las cosas no van bien! No voy a pedirte nada a cambio, nunca, esto no es un "hoy por ti, mañana por mí", esto es un "hoy por ti, mañana por ti, y todos los días de mi vida por ti también si es necesario". Y lo sabes. Sabes que quiero ayudarte, sabes que puedes contar conmigo, que puedes confiar en mí. Lo sabes, pero te da miedo. Te da miedo que haya llegado el día en que necesites a alguien, que haya llegado el día en que las cosas se te vayan de las manos y no puedas controlar lo que sucede no sólo a tu alrededor, sino también dentro de ti. Te da miedo porque no sabes como ordenar la cantidad de bombas que tienes en la cabeza, la cantidad de cosas que tienes que afrontar. Te da miedo pensar que antes podías afrontarlas todas y ahora se te cae el mundo al suelo porque son demasiadas. Pero, sobre todo, te da miedo pensar que estás perdida, porque lo sabes. Sabes que estás perdida, pero no sabes donde. Y es que tu cabeza también está perdida.

lunes, 9 de febrero de 2015

El lobo estepario.

"Algunos le querían como hombre distingido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. De este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en contacto."
El lobo estepario, de Hermann Hesse.