viernes, 13 de febrero de 2015

Sigue perdida.

-¿Por qué no lo admites de una maldita vez?
-Porque no existe. Eso son tonterías. Vaya gilipollez, ¡el karma! ¿Cómo puedes pensar eso?
-¿Cómo puedes tú pensar lo contrario, después de todo lo que tienes sobre tus hombros?
-No sé a qué te refieres. 
-Lo sabes, pero lo niegas. De ese modo sólo te engañas a ti misma.
-Sigo sin saber a qué te refieres.
-¿En serio? ¿Cuánto tiempo más vas a seguir fingiendo? 
-Yo no finjo.
-Sí, estás fingiendo. Lo haces todo el tiempo, y a los demás tal vez puedas mentirles, pero a mí no.
-Yo no finjo nada.
-¡Admite de una maldita vez que sí lo haces!
-Ah, ¿sí? Y, ¿qué es lo que, supuestamente, estoy fingiendo?
-Finges que todo va bien, cuando no es así. Finges que no te pasa nada, que a ti nada te afecta, cuando llevas tanto tiempo que, hasta tú has perdido la noción del mismo, derrumbada. Finges que no sientes nada, cuando hasta el roce del aire te duele. Finges, finges y finges. Finges que no necesitas ayuda de nadie, pero, ¡por favor, deja de fingir! ¡Grita que necesitas ayuda! ¡Pídeme que mate a alguien! Pídemelo, y lo haré por ti. Pero necesito que me lo digas, que me lo cuentes, que te desahogues. No dejes las cosas a medio contar, sigue. No te guardes lo peor, no es bueno. La basura hay que sacarla, o la mierda te acabará comiendo. Puedo ayudarte, sé que haré todo lo que esté en mi mano, y lo que no esté también, por ayudarte, y tú también lo sabes. Pero tú eres demasiado orgullosa para pedir ayuda, ¿verdad? Eres demasiado orgullosa para admitir que estás jodida, que estás de mierda hasta el cuello. ¡Despídete del maldito orgullo por un rato! ¡Admite que las cosas no van bien! No voy a pedirte nada a cambio, nunca, esto no es un "hoy por ti, mañana por mí", esto es un "hoy por ti, mañana por ti, y todos los días de mi vida por ti también si es necesario". Y lo sabes. Sabes que quiero ayudarte, sabes que puedes contar conmigo, que puedes confiar en mí. Lo sabes, pero te da miedo. Te da miedo que haya llegado el día en que necesites a alguien, que haya llegado el día en que las cosas se te vayan de las manos y no puedas controlar lo que sucede no sólo a tu alrededor, sino también dentro de ti. Te da miedo porque no sabes como ordenar la cantidad de bombas que tienes en la cabeza, la cantidad de cosas que tienes que afrontar. Te da miedo pensar que antes podías afrontarlas todas y ahora se te cae el mundo al suelo porque son demasiadas. Pero, sobre todo, te da miedo pensar que estás perdida, porque lo sabes. Sabes que estás perdida, pero no sabes donde. Y es que tu cabeza también está perdida.

lunes, 9 de febrero de 2015

El lobo estepario.

"Algunos le querían como hombre distingido, inteligente y original y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito, peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y tener ideales de humanidad. De este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en contacto."
El lobo estepario, de Hermann Hesse.

E.

Unas claras y esponjosas nubes se deslizaban por el oscuro cielo, plantándole cara a la majestuosa tormenta eléctrica, como diciéndole:
"Eh, mira, estoy aquí; no le temo a tu lluvia. No le temo a tus truenos, ni a tus relámpagos. No temo tu espesa niebla, igual que no temo la oscuridad que traes. Soy un respiro de alivio para alguien que se ahoga en tus aguas."
E.

sábado, 7 de febrero de 2015

Está perdida.

Está perdida. Sabe dónde está su cuerpo, pero no sabe dónde está su mente.
No sabe qué quiere, si es que quiere algo; no sabe qué piensa, si es que piensa algo; no sabe qué siente, si es que siente algo.
Sólo necesita alguien que le ayude, una persona dispuesta a guiarla.
Tampoco sabe quién es, si es que es alguien.
Por eso también necesita alguien que le ayude a descubrir su propia identidad. 
Pero todos abandonan, nadie lucha por ayudarla, todos se rinden.
Y es que ella es difícil, inestable, insegura. Pero sobre todo es impredecible. ¿Su próximo paso? Ni tan siquiera ella sabe hacia dónde será.
Pero nadie se queda a su lado, nadie es capaz de demostrarle que ella vale la pena. Nadie es capaz de demostrarle que quiere, piensa, siente, y es.